Disfunción tubaria: Otitis Media

Disfunción tubaria

La disfunción tubaria provoca la mayoría de los casos de otitis media. Se inicia como consecuencia del fallo recurrente de la trompa de Eustaquio.

El paso a la cronicidad o la recuperación dependen de la persistencia de la disfunción tubaria o de su normalización.

El científico M. S. Strong subraya esta situación: “Puesto que el bienestar del oído medio depende de la función adecuada de la trompa de Eustaquio, el otólogo no debe perder de vista jamás ciertos hechos básicos de la trompa, si quiere proporcionar el tratamiento más lógico y eficaz contra la enfermedad ótica.”

“Es muy fácil conceder a los padecimientos locales y los métodos intrincados para la reparación del oído medio tanta importancia, que se descuida el diagnóstico de la disfunción tubaria que, si no se corrigen, invalidan todos los esfuerzos terapéuticos.”

Por tanto, deben recordarse las características anatómicas y funcionales normales de la trompa de Eustaquio como base en la concepción de sus mecanismos fisiopatológicos, de la génesis de la otitis media, y del tratamiento de los procesos agudos y crónicos.

¿Qué ocasiona la disfunción tubaria?

Cuando la trompa de Eustaquio no puede igualar la presión del oído medio con la del exterior, los capilares venosos de la mucosa empiezan a absorber el aire intracavitario debido al mayor gradiente de gases.

“La presión negativa” así creada produce trasudación vascular, que origina edema del mucoperiostio y salida de líquido seroso a la cavidad.

Estos cambios disminuyen la tensión intracavitaria y la difusión de gases hacia la sangre, y constituyen el mecanismo fisiopatológico inicial en la producción de otitis serosa-secretora.

Disfunción tubaria
Exploración de la Disfunción tubaria.

Si a estas alteraciones se añade proliferación bacteriana, aparecen inflamación séptica con necrosis tisular y cambios vasculares más intensos, de modo que se constituye el cuadro de otitis media bacteriana aguda.

Paparella, Senturia y otros demostraron esta secuencia en animales de laboratorio a los que se ocluyó la trompa de Eustaquio y se sujetaron a cambios barométricos calibrados.

Sus trabajos han permitido comprender la fisiopatología de la otitis media y la extraordinaria importancia de tratar la disfunción tubaria.

¿Cómo funciona la Trompa de Eustaquio?

De interés clínico y pronóstico son las observaciones de Siedentop sobre la correlación entre el funcionamiento tubario y el desarrollo del sistema celular neumático de la mastoides, apoyadas en los estudios de Elisberg y Zsigmond, y de Diamant y Holmquist.

Todos señalan la presencia de mastoides neumatizadas (mayores de 10 cm2) en casos de funcionamiento tubario óptimo, en contraste con el desarrollo mediano (5 a 9 cm2) o escaso (0 a 4.9 cm2) con disfunción tubaria.

Síndrome de trompa abierta.

En estado de reposo, la trompa de Eustaquio está cerrada, y se abre sólo con los movimientos (deglución, fonación, llanto) en que se eleva y se pone tenso el paladar.

Al comprender cómo la disfunción tubaria genera y mantiene la enfermedad otítica, uno puede preguntarse por qué el tubo faringotimpánico no evolucionó hasta constituirse en un conducto rígido y constantemente abierto, para garantizar la ventilación y el drenaje del oído medio, sin necesidad del aparato neuromuscular que requiere.

En un extraordinario trabajo analítico al respecto el científico Schwarzbart hace ver que tal disposición es indeseable desde el punto de vista fisiológico.

Este autor piensa que la porción ósea de la trompa humana (inexistente en otros vertebrados) parece ser resultado de una deformación accidental de la caja, producida por el gran desarrollo de la arteria carótida interna.

En otras palabras, la expansión de esta arteria (que debe suministrar el enorme flujo sanguíneo requerido por el cerebro anterior) produjo la elongación del segmento anterior de la caja, con aparición de una porción tubaria rígida.

Para compensar este resultado del desarrollo cerebral, la trompa adquiere en los primates superiores y en el hombre el equipo neuromuscular que la rodea.

La explicación resulta lógica cuando se advierte lo que ocurre al sujeto cuya trompa de Eustaquio permanece constantemente abierta.

Disfunción tubaria con apertura constante:

El individuo con esta anormalidad padece de autofonía y sensación de “oclusión y llenura” del oído.

Su respiración y voz le son molestas, y busca aliviarlas adoptando posturas curiosas como colocar la cabeza entre las rodillas, acostarse con la cabeza colgando fuera de la cama o pujar a menudo.

Todo esto produce congestión venosa y linfática alrededor de la trompa, con lo que mejoran los síntomas algún tiempo.

Además, los episodios catarrales son situaciones deseables porque producen alivio más duradero.

De estos casos se infiere que si la trompa tuviera un diseño semejante al del conducto auditivo externo, igual que éste admitiría las vibraciones sonoras constantemente.

Así, se percibirían ruidos respiratorios, circulatorios y de deglución, como ocurre en pacientes cuya trompa permanece patológicamente abierta.

Esta anormalidad  de disfunción tubaria se desconoce en pediatría y se observa de manera esporádica en adultos que han adelgazado por enfermedades diversas o dietas drásticas.

Como explicación se aduce la pérdida de grasa alrededor del orificio faríngeo de la trompa, pero quizá sea más factible aceptar que ocurre por alteración neuromuscular derivada de desnutrición, neuritis, poliomielitis y otras enfermedades neurológicas en que sobreviene parálisis o atrofia de los músculos faríngeos y palatinos.

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